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ENTREVISTA. Rómulo Azabache: “No existe cosa más bella en el planeta que el color”

Rómulo Azabache Fernández, disfruta de su trabajo en su Taller-Galería instalado en su casa.

Rómulo Azabache Fernández, disfruta de su trabajo en su Taller-Galería instalado en su casa.

Es un artista. La entrevista ya había empezado aún sin hablar con él, pues en los murales de la Escuela Superior de Bellas Artes yacía la trayectoria de su existencia.

Volví sobre mis pasos, y empecé a rozar el muro de la Escuela Superior de Bellas Artes con los nudillos de mi mano derecha, para que esa mano se fuera

haciendo a la idea de que dentro de unos minutos iba a estrechar la del pintor Rómulo Azabache Fernández, sobrino de quien fundó en 1962  aquella Cuna de Arte, Pedro Azabache Bustamante.

Al ingresar, lo ceremonial del recinto envuelto en la luz  del medio día, emanó un olor a paz. Busco a Rómulo Azabache- dije al enjuto bibliotecario; quien con la amabilidad característica  de aquellos que están inmersos en el mundo artístico, no dudó en guiarme hacia él.

Un hombre, con la piel encandilada por el color de las sombras, me recibió con una sonrisa radiante. Era él. Después de indagar sobre mí, y mi causa; me condujo hacia una pequeña plazoleta, con una banca semicircular en el centro en donde, según él, “podríamos conversar en paz”.

COMO JUGANDO

Por sus venas corre la sangre de una estirpe artista. A la edad de 7 años, en su eterna casa de Moche,  ingresó junto a sus primos  a su enorme patio trasero, en donde quedó maravillado con la presencia de innumerables obras artísticas hechas por su padre y los hermanos de éste. “Mi padre y mis hermanos mayores eran pintores, mi tío poseía un negocio artístico, el cual fue desfasado por la tecnología; y mi tío, fundador de la Escuela de Bellas Artes” Con un suspiro envuelto en agradecimiento, recuerda cómo su tío Pedro Azabache, a la edad de 17 años, cuando él cursaba el cuarto año de secundaria; lo llevó a la Escuela de Bellas  Artes  para mostrarle un Taller de Pintura. Él, “renegando”, lo acompañó; y quedó maravillado nuevamente, con el mismo  asombro infantil de sus 7 años cuando vio las pinturas de su padre brillando entre otras más. Sintió, otra vez, aquel amor por el arte, ése, el cual la adolescencia, el fútbol y los amigos, habían guardado.

INDIFERENCIA

Decidió, después de aquel instante, formalizar su amor por la pintura en la Escuela de Bellas Artes. “Nadie se opuso a mi elección, pero fue triste cuando vi en los ojos de la gente, indiferencia; para ellos yo era un simple pintorcito.” Me confesó, sin remordimiento, que las personas pretendían ponerle precio a sus obras, sin valorar siquiera el tiempo, el material y  la pasión que él ponía en ellas, “eso es desalentador.” En el arte no hay dinero, “pero sobra espíritu”. Son los halagos, las  distinciones y el reconocimiento, “nos sirve como combustible no visible, pero sí emocional, esa es la mejor retribución.”

La poca sensibilidad por el arte, es quizá el error más grande de la educación en el Perú, el cual es pagado por los jóvenes artistas que se buscan un espacio entre la indiferencia de la gente.

 

AMOR EN LA DOCENCIA

Rómulo Azabache se entrega cada día a sus alumnos en la Escuela de Bellas Artes, “enseñar a estos jóvenes es tener la sensación de que parte de nosotros se va quedando en ellos.” me confiesa emocionado.  Para Rómulo, es un honor trabajar con jóvenes provenientes de las raíces del Perú; “apreciar la diversa sensibilidad proveniente de los  corazones de mis alumnos, sus distinta costumbres, es un honor para mí.”

El mundo para un artista es difícil,  los docentes han aprendido a no mostrar  debilidad a sus alumnos;  convirtiéndose en una comunidad muda porque no les  cuentan (ni se los contarán) lo que les sucede, y probablemente, sucederá a  sus pupilos. “Es una manera de no desalentarnos; les decimos a ellos que formamos parte de una comunidad, de un enjambre que se ve un poco extraño ante la sociedad;  y cuando ellos egresan se sienten identificados.”

Sin embargo, Rómulo no descansa. Su tiempo dedicado a la docencia encuentra un espacio en la tardes, en su casa a pocos metros su Alma Matter. Allí, ha construido una Galería-Taller, en donde imparte sus conocimientos y permite que sus jóvenes pupilos expresen su sentir artístico en exposiciones gratuitas. “No me canso, porque ése es mi mundo. Compartir, hacer que el mundo vea el arte; porque no hay cosa más bella que el color.”, me dijo. Sin duda, todo un Maestro.

FELICIDAD

“Sí, sí”  respondió a la pregunta si era feliz. La felicidad es relativa, no se expresa con una sonrisa o una carcajada. “Para mí, la felicidad está cuando uno hace lo que ama, y yo amo pintar, amo el arte, simplemente es mi vida.”


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Esta entrada fue publicada en 26 febrero, 2015 por en TRUJILLO y etiquetada con , , , , .
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